
En verano adopto nuevas rutinas, algunas tienen mucho que ver con la cocina y la experimentación de nuevas recetas, pero siempre he estado ajena a internet, porque aquí no tengo conexión. Sigo sin tenerla pero la tecnología ha puesto a disposición del usuario un internet
pret á porter, y este verano dejaremos el blog abierto, o por lo menos medio abierto.
Una de esas rutinas es leer el periódico tranquilamente después del desayuno, incluyendo, cuando es posible, la realización del sudoku y siempre, más temprano que tarde, un paseo por la orilla del mar. Esta mañana, después de haber leído
noticias preocupantes sobre nuestro planeta, tuve la enorme suerte de encontrar, traído por las olas, este huevo de tiburón porque eso es la foto, un huevo ya abierto que trajo la marea con sus algas pegadas.
Normalmente son tiras que se desprenden y se abren cuando
el pez está maduro para nacer. No creo que sea un pez martillo, que sé que hay en la Bahía de Cádiz, pero el tamaño del huevo es grandecito, yo ya los habías visto más estrechos, quizá se trate de un marrajo, que a la plancha están exquisitos.
Me sentí muy bien cuando lo ví sobre la arena porque el hallazgo es, por sí mismo, la buena noticia de que en el mar hay lo que tiene que haber: peces.